Jane Eyre
Jane Eyre —¡Absolutamente de acuerdo! Pero ahora deberá pagar por ello. CritÃqueme, señorita Eyre. ¿Acaso es mi frente lo que no la complace?
Se levantó los mechones de cabello que le caÃan horizontalmente sobre las cejas, dejando a la vista una masa bastante sólida de órganos intelectuales, que carecÃa, sin embargo, de la suavidad que suele ser indicativa de benevolencia.
—DÃgame, señorita. ¿Cree que estoy chiflado?
—Ni por asomo, señor. ¿Me considerarÃa una maleducada si le pregunto si es usted un filántropo?