Jane Eyre
Jane Eyre —No se preocupe. Espere un minuto, seguro que Adèle aún no está preparada para acostarse. La posición en la que me encuentro, señorita Eyre, de espaldas al fuego y de cara a la sala, favorece la observación. Mientras hablaba con usted, he ido observando a Adèle de vez en cuando. Debo reconocer que tengo mis propias razones para pensar que la niña es un caso digno de estudio, razones que tal vez comparta con usted algún dÃa. No hará más de diez minutos que sacó de la caja un vestido de seda de color rosado. La expresión de su rostro se ha iluminado al verlo, pues la coqueterÃa corre por sus venas, llega hasta su cerebro y penetra en el interior de sus huesos. «Il faut que je l’essaie! —gritó—, et a l’instant même!»[11] y ha salido corriendo de la habitación. Ahora está con Sophie, en plena operación de vestirse. En unos minutos hará su entrada triunfal con el aspecto de una Céline Varens en miniatura, tal y como a esta le gustaba aparecer en el escenario de… Pero no se inquiete. Mis más tiernos sentimientos están a punto de recibir un fuerte sobresalto, o al menos eso presiento. Quédese a ver si mi presagio se cumple.