Jane Eyre
Jane Eyre Poco después oÃmos los ligeros pasos de Adèle por el pasillo. Entró, transformada como su tutor habÃa predicho. El lugar de la bata marrón que llevaba unos minutos antes lo ocupaba ahora un vestido de satén rosado, muy corto, con la falda de volantes y mucho vuelo. Una diadema de rosas coronaba su frente; unas medias de seda y unas sandalias de satén blanco completaban su atuendo.
—Est-ce que ma robe va bien? —exclamó, haciendo una reverencia—; et mes souliers? Et mes bas? Tenez, je crois que je vais danser![12]
Y, después de estirarse el vestido, cruzó la habitación girando sin parar hasta llegar al señor Rochester. Una vez junto a él, dio un par de vueltas de puntillas; luego se arrodilló a sus pies y exclamó:
—Monsieur, je vous remercie mille fois de votre bonté. —Entonces se puso de pie y añadió—: C’est comme cela que maman faisait, n’est-ce pas, Monsieur?[13]