Jane Eyre
Jane Eyre —Exac-ta-men-te —recalcó este— y, comme celà , sacó todo el oro inglés de mis bolsillos. Yo también fui joven, señorita Eyre, joven e incauto. No crea que los frescos matices que la adornan a usted ahora son tan distintos de los que me cubrieron un dÃa. Mi primavera ya ha acabado, pero ha dejado tras de sà esta florecilla francesa, a la que en algunos momentos de mal humor me gustarÃa perder de vista. No aprecio la rama de la que brotó, ya que era de una clase que solo puede crecer a base de oro en polvo, pero debo confesar que siento un cierto aprecio por la flor, en especial cuando luce unos colores tan artificiales como ahora. La mantengo y la educo siguiendo el principio de la iglesia católica que nos promete la expiación de los pecados, ya sean mortales o veniales, si se compensan con una buena obra. Algún dÃa se lo explicaré todo. Buenas noches.