Jane Eyre
Jane Eyre »Nunca ha sentido celos, ¿verdad, señorita Eyre? Por supuesto que no. No hacía falta preguntárselo porque nunca ha estado enamorada. Aún debe experimentar los dos sentimientos: su alma sigue dormida y el sobresalto que ha de despertarla aún no se ha producido. Piensa que toda la existencia fluye con la misma tranquilidad que ha teñido su juventud hasta el momento. Se deja llevar por la corriente con los ojos cerrados y las orejas tapadas, no presta la menor atención a las rocas que amenazan su viaje cerca del lecho del río ni oye el ruido de las olas que chocan contra su base. Pero le digo (y puede creer a ciegas en mis palabras) que algún día una corriente traidora agitará las aguas del canal, y el suave arroyo de su vida se transformará en un remolino turbulento y ensordecedor; en ese momento, las rocas traicioneras la despedazarán o, tal vez una ola liberadora la elevará por encima de los escollos y la arrastrará hasta aguas más serenas, las aguas por las que yo navego ahora.