Jane Eyre

Jane Eyre

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—Señorita, usted ya sabe que el área del servicio está demasiado apartada; es improbable que los criados oyeran nada. Las habitaciones de la señora Fairfax y de usted son las que quedan más próximas a la del señor, pero la señora Fairfax dice que no oyó ningún ruido. La gente mayor suele tener el sueño pesado. —Se detuvo, y luego añadió con fingida indiferencia, pero en un tono significativamente marcado—: Sin embargo, usted es joven, señorita, y yo diría que tiene el sueño ligero. ¿Tal vez escuchó algo fuera de lo habitual?

—Sí —dije bajando la voz, para que Leah, que seguía enfrascada en los cristales, no pudiera oírme—, y al principio pensé que se trataba de Pilot, pero Pilot es incapaz de reírse y yo estoy segura de que fue una risa lo que llegó hasta mis oídos: una risa muy extraña.

Grace cogió un nuevo ovillo de hilo, lo deshizo cuidadosamente, enhebró la aguja con mano firme, y después replicó, sin dar la menor muestra de agitación:

—En mi opinión, es poco probable que el señor se riera en medio de esa situación de peligro. Debió de soñarlo, señorita.

—No fue un sueño —repuse, irritada por su cínica frialdad.

Ella volvió a mirarme, y en sus ojos penetrantes brillaba otra vez ese destello de sospecha.


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