Jane Eyre
Jane Eyre Apenas me atrevà a responder, pues temÃa que recuperara su áspero tono habitual.
—Lo intentaré.
—¿Le apetece tomar algo, una bebida…?
—No, gracias, Bessie.
Tanta amabilidad me dio valor para preguntar:
—Bessie, ¿qué me pasa? ¿Estoy enferma?
—Supongo que cayó enferma en la habitación roja de tanto llorar. Pero no se preocupe, pronto se pondrá bien.
Bessie se marchó al cuarto de las criadas.
—Sarah —oà que decÃa desde all×, ven al cuarto de los niños a dormir conmigo. Por nada del mundo quisiera pasar la noche a solas con esa pobre niña. Es capaz de morirse. ¡Ha sufrido un desmayo tan extraño! Me pregunto si vio algo raro… La señora ha sido demasiado dura con ella.
Sarah volvió con ella y ambas se acostaron. Estuvieron hablando en voz baja durante más de media hora; hasta mà llegaban frases sueltas que solo me permitÃan captar la idea general de la conversación.
«Algo pasó ante ella, vestido enteramente de blanco, y se desvaneció.» «Le seguÃa un gran perro negro.» «Alguien golpeó tres veces la puerta de la habitación del señor.» «HabÃa una luz en el cementerio, sobre la tumba del señor»… etcétera, etcétera.