Jane Eyre
Jane Eyre Por fin ambas se durmieron; se apagó el fuego y se extinguió la vela. Yo no logré conciliar el sueño en toda la noche: ese miedo que solo los niños pueden sentir puso en alerta todos mis sentidos y me impidió descansar.
Lo cierto es que el incidente de la habitación roja no tuvo más consecuencias, aparte del ataque de pánico, cuyo recuerdo aún me atormenta a dÃa de hoy. SÃ, señora Reed, a usted le debo unos momentos de atroz sufrimiento mental. Sin embargo, deberÃa perdonarla: en realidad no era consciente de sus actos. CreÃa estar corrigiendo mis peores instintos cuando lo que hacÃa era desgarrarme el corazón.