Jane Eyre
Jane Eyre —Oh, partió justo después de desayunar. Se ha ido a los Leas, a casa del señor Eshton, a seis kilómetros de Millcote. Creo que se reunÃa un buen grupo de gente allÃ: lord Ingram, sir George Lynn, el coronel Dent, y algunos más.
—¿Espera que vuelva esta noche?
—No, ni tampoco mañana: siempre que va suele quedarse al menos una semana. Cuando se reúnen los jóvenes de buena cuna, se ven rodeados de tanta elegancia y tan bien provistos de placeres y entretenimientos que no tienen ninguna prisa por separarse. En especial, tales ocasiones requieren la presencia de caballeros, y el señor Rochester es tan animado y agradable en el trato social que todas las damas se lo disputan. Y eso que usted pensará que su apariencia no es la más deseable a los ojos femeninos. Supongo que las habilidades y conocimientos que posee, además de la riqueza y la nobleza de su linaje, compensan con creces la falta de atractivos fÃsicos.
—¿Hay damas invitadas a los Leas?