Jane Eyre
Jane Eyre Bessie había terminado de limpiar y ordenar la habitación, y, después de lavarse las manos, abrió un cajoncito repleto de recortes de seda y satén con la intención de hacer un sombrero nuevo para la muñeca de Georgiana. Mientras cosía, se puso a cantar:
Hace mucho tiempo, cuando pasábamos los días
recorriendo el mundo, viajando como gitanos…
Era una canción que yo había oído a menudo, y siempre me había provocado una gran alegría. Bessie tenía una voz dulce, o al menos eso creía yo. Pero aquel día, aunque su voz seguía siendo la misma, la melodía me pareció cargada de una melancolía indescriptible. A veces, distraída por su tarea, Bessie cantaba más despacio, pronunciando el estribillo con la cadencia de un himno funerario. Después cambió de canción y entonó una balada cuya letra era realmente triste.
Tengo los pies doloridos y los labios agrietados;
largo es el camino, y arduas las montañas;
pronto la noche, triste y tenebrosa,
invadirá el sendero de la pobre niña sola.
¿Por qué me enviaron tan lejos, sin nadie,
hasta donde yacen los páramos y crecen las rocas?
En un mundo sin corazón, son los ángeles del cielo