Jane Eyre
Jane Eyre los únicos que cuidan de la pobre niña sola.
Distante y suave, sopla la brisa nocturna,
ni una nube oculta el brillo de las estrellas;
Dios, compasivo, ofrece protección,
amor y esperanza a la pobre niña sola.
Aunque cayera al cruzar el puente, o me hundiera
en la ciénaga, engañada por un falso resplandor,
el Padre me colmarÃa de bendiciones,
y llevarÃa a su seno a la pobre niña sola.
Aunque carezca de refugio y de familia
hay un pensamiento que me llena de fuerza:
el cielo es mi hogar y no me faltará el reposo;
Dios es amigo de la pobre niña sola.
—¡Vamos, señorita Jane! No llore —exclamó Bessie al finalizar la canción.
Pero era como decirle al fuego que dejara de arder. ¿Cómo podÃa ella imaginar el peso de la pena que me embargaba?
A lo largo de la mañana, el señor Lloyd volvió a verme.
—¡Vaya! Veo que ya estamos levantados —dijo desde la puerta del cuarto de los niños—. Bueno, enfermera, ¿cómo está la paciente?
Bessie respondió que me encontraba mucho mejor.