Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«Ha llegado el momento de irse», pensé. Pero la voz que invadía el aire me detuvo. La señora Fairfax ya me había dicho que el señor Rochester poseía una hermosa voz, y era cierto: era un bajo grave y poderoso que se entregaba con pasión a la melodía, le aportaba su fuerza y su sentimiento, abriéndose paso hacia el corazón a través del oído y despertando en él extrañas sensaciones. Esperé hasta que se extinguió la última vibración; hasta que, un instante después, la marea de la charla ocupó el ambiente. Entonces abandoné mi refugio y salí a través de la puerta lateral, que por fortuna quedaba cerca. Un corredor estrecho me llevó al vestíbulo. Al cruzarlo, noté que llevaba la sandalia suelta y me arrodillé junto al borde de la escalera para abrocharla. Desde allí pude oír la puerta del comedor y los pasos de un caballero que se acercaban. Me incorporé con rapidez y topé cara a cara con él: era el señor Rochester.

—¿Cómo está? —preguntó.

—Muy bien, señor.

—¿Por qué no se acercó a hablar conmigo en el salón?

Pensé que bien podía devolverle exactamente la misma pregunta, pero no me atreví.

—El señor parecía ocupado y no quise molestarle —respondí en su lugar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker