Jane Eyre
Jane Eyre La señorita Ingram se levantó con aire solemne.
—Yo seré la primera —anunció, con el mismo tono que habrÃa usado el cabecilla de un ejército al borde de la derrota mientras se abrÃa paso entre sus hombres para llegar a la lÃnea de fuego.
—¡Oh, mi reina! ¡Mi amor! Piénsatelo bien… —sollozó su madre, pero ella caminó en un silencio mayestático, cruzó la puerta que el coronel Dent aún no habÃa cerrado y entró en la biblioteca.
Le siguieron unos instantes de relativa calma. Lady Ingram consideró oportuno retorcerse las manos, y eso hizo. La señorita Mary declaró que nunca se atreverÃa a entrar, mientras Amy y Louisa Eshton se estremecÃan con aire asustado.
Transcurrieron lentamente unos minutos; quince hasta que la puerta de la biblioteca volvió a abrirse. La señorita Ingram cruzó el arco y se reunió con nosotros.
¿Cuál serÃa su reacción? ¿Se reirÃa, tomándolo todo a broma? Todos los ojos la observaron curiosos, interés que ella pagó con una mirada que expresaba frialdad y desdén; no parecÃa inquieta ni tampoco contenta. Se limitó a caminar hasta su asiento y ocuparlo sin decir una palabra.
—¿Y bien, Blanche? —dijo lord Ingram.
—Dinos qué te ha dicho, hermana —pidió Mary.