Jane Eyre
Jane Eyre —Si lo desea, señorita —se ofreció Sam—, la esperaré en el vestÃbulo. Si la asusta, grite y yo entraré.
—No hace falta, Sam. Vuelve a la cocina. No tengo ningún miedo.
Y no lo tenÃa: su lugar lo ocupaban la emoción y un gran interés.