Jane Eyre
Jane Eyre —¡Demuéstremelo! —repliqué.
—Lo haré, en pocas palabras. Tiene frÃo porque está sola: ningún contacto enciende el fuego que late en su interior. Está enferma, porque aparta lejos de usted el mejor de los sentimientos, el más dulce y elevado. Y es tonta, porque, sufriendo como sufre, no deja que se le acerque ni da un paso para acercarse al lugar donde este la espera.
De nuevo apoyó la pipa en los labios y fumó de ella con entusiasmo.
—Lo mismo podrÃa decirse de casi todos aquellos que sirven solos en una gran casa.
—PodrÃa decirlo a casi todos, cierto, pero ¿serÃa verdad en casi todos los casos?
—SÃ, en mis circunstancias.
—SÃ, en sus circunstancias. Pero la desafÃo a que encuentre a otra como usted.
—SerÃa sencillo hallar miles.
—Apenas podrÃa encontrar una sola. Por si le interesa, está usted en una posición muy peculiar: muy cerca de la felicidad. SÃ, la tiene a su alcance. Todos los materiales están listos, solo se requiere un movimiento que los combine. El azar los ha dispersado un poco: si deja que se unan, el resultado será muy beneficioso.
—Soy incapaz de entender este tipo de enigmas. No he podido resolver una adivinanza en toda mi vida.