Jane Eyre
Jane Eyre —Ahora vuelva al comedor: acérquese en silencio al señor Mason y murmúrele al oÃdo que el señor Rochester ha llegado y desea verle. Tráigale aquà y después márchese.
—SÃ, señor.
Cumplà sus órdenes. Todo el grupo de invitados me vio cruzar el salón y dirigirme al señor Mason. Le di el mensaje y le acompañé hasta la puerta de la biblioteca, para después subir a mi cuarto.
Ya llevaba mucho tiempo acostada cuando oà que los visitantes se retiraban a descansar. Distinguà la voz del señor Rochester, que decÃa: «Por aquÃ, Mason; esta es su habitación».
La alegrÃa que se desprendÃa de su tono me tranquilizó. No tardé en dormirme.