Jane Eyre
Jane Eyre ProcedÃa del tercer piso, ya que lo habÃa oÃdo justo encima de mi cabeza. Y allÃ, sobre el techo de mi habitación, se libraba ahora algo parecido a una batalla, que, a juzgar por el tumulto, era una lucha a muerte. Una voz sofocada gritó:
—¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro! ¿Nadie vendrá en mi ayuda? —exclamó. Y entonces, a medida que aumentaba el ruido de golpes y objetos que se caÃan, distinguà unas palabras más—: ¡Rochester! ¡Rochester! ¡Venga, por el amor de Dios!
Se abrió la puerta de una habitación y alguien corrió por el pasillo. En el piso de arriba, algo cayó sobre el suelo con un gran estruendo. Luego volvió la calma.