Jane Eyre
Jane Eyre —¡No me agobien, por favor! ¡Apártense! —replicó él, porque las señoritas Eshton le zarandeaban, y las dos viudas, envueltas en bastas telas blancas, surcaban el pasillo a toda vela.
—¡No pasa nada! ¡No pasa nada! —gritó—. No ha sido más que un ensayo de Mucho ruido y pocas nueces. Señoras, por favor, no se acerquen o me convertiré en un ser peligroso.
Y su aspecto confirmaba la amenaza: sus ojos oscuros despedÃan chispas. Haciendo un esfuerzo para serenarse, añadió:
—Una criada ha sido vÃctima de una pesadilla, eso es todo. Es una mujer nerviosa y excitable, que creyó ver en su cuarto lo que estaba soñando y sufrió un ataque de histeria. Y ahora quiero que todos vuelvan a sus habitaciones. No podremos ocuparnos de ella hasta que toda la casa haya vuelto a la normalidad. Caballeros, tengan la bondad de dar ejemplo a las damas. Señorita Ingram, estoy seguro de que no es de la clase de mujeres que se dejan llevar por temores absurdos. Amy, Louisa, regresen a sus nidos como dos palomas buenas, que es lo que son. Señoras —dijo dirigiéndose a las viudas—, si siguen en este pasillo helado pillarán un resfriado mortal.