Jane Eyre

Jane Eyre

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—¿Es la señora que vuelve? —preguntó a Bessie el señor Lloyd—. Me gustaría hablar con ella antes de irme.

Bessie le acompañó al saloncito del desayuno. Supongo que durante la entrevista que mantuvo con la señora Reed, el farmacéutico sugirió la posibilidad de enviarme al colegio. Y por lo que Abbot dijo a Bessie una noche, creyendo que yo dormía, mientras cosían en el cuarto de juegos, mi tía aceptó la idea sin reservas.

—La señora se mostró encantada de librarse de esta niña insoportable, que siempre da la impresión de estar vigilando a todo el mundo y tramando maldades en silencio. —Creo que para Abbot yo era algo parecido a un Guy Fawkes infantil.

Fue en esa ocasión cuando supe por las palabras de Abbot que mi padre había sido un clérigo sin fortuna con quien mi madre se casó contra la opinión de toda su familia, y que el abuelo Reed, enojado por su desobediencia, la dejó sin un chelín. Y que cuando llevaban un año casados, mi padre cayó víctima del tifus que contrajo por visitar a una familia de su parroquia, situada en uno de los barrios obreros de la ciudad donde abundaba la enfermedad. Mi madre se contagió y ambos murieron con un mes de diferencia.

Al oír esta historia, Bessie suspiró.

—La pobre señorita Jane es digna de lástima, Abbot.


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