Jane Eyre
Jane Eyre —En efecto —respondió la otra—, si se tratara de una niña alegre y bonita, uno podrÃa compadecerse de su desgracia, pero es difÃcil sentir pena por un pequeño sapo como ese.
—Tiene parte de razón —acordó Bessie—. Estoy segura de que en las mismas circunstancias la señorita Georgiana nos harÃa saltar las lágrimas.
—¡Por supuesto! La señorita Georgiana es una criatura adorable —gritó Abbot—. ¡Mi querida niña! Con esos rizos rubios y esos magnÃficos ojos azules, y el tono suave de su piel… ¡Una dirÃa que es la estampa de una santa! Bessie, tengo hambre. Me apetece tomar un poco de estofado de conejo para cenar.
—No le diré que no… vamos a la cocina. ¿Qué le parece si hago un sofrito de cebolla?