Jane Eyre
Jane Eyre Respondà tomando asiento: presentà que negarme habrÃa sido inoportuno.
—Bien, mi joven amiga, mientras el sol se bebe el rocÃo, mientras todas las flores de este viejo jardÃn se despiertan y desperezan, los pájaros van en busca del desayuno de sus crÃas por las cercanÃas de Thornfield y las abejas se disponen a iniciar sus primeros cometidos, le expondré un caso para que lo considere con todo interés. Pero, antes que nada, mÃreme y dÃgame que se encuentra a gusto, que no hay nada malo en que yo le pida que se quede, ni en que usted acepte.
—No, señor. Estoy muy bien.