Jane Eyre
Jane Eyre —Deme la mano como prueba de sus palabras. ¡Qué dedos tan frÃos! Estaban más calientes la noche pasada cuando los toqué en la puerta de la cámara misteriosa. Jane, ¿cuándo nos dedicaremos a vigilar de nuevo?
—Siempre que pueda serle útil, señor.
—¿Por ejemplo, la noche anterior a mi boda? Estoy seguro de que seré incapaz de dormir. ¿Me promete que se sentará junto a mà para hacerme compañÃa? Con usted puedo hablar de la mujer que quiero, porque la ha visto y la conoce.
—SÃ, señor.
—Ella es una mujer singular, ¿no cree, Jane?
—SÃ, señor.
—Es una mujer magnÃfica, Jane, realmente espléndida: alta, morena y alegre; sus cabellos son como debieron de ser los de las cartaginesas. ¡Vaya por Dios! Dent y Lynn están en los establos. Entre en casa por detrás de los arbustos, por ahÃ.
AsÃ, mientras yo iba en una dirección, él tomó la contraria. Su voz llegó hasta mà procedente del patio, diciendo en tono animado:
—Mason les ha ganado esta mañana; se fue antes del alba: me he levantado a las cuatro para decirle adiós.