Jane Eyre
Jane Eyre —Pase lo que pase, ¿volverá aqu� ¿No se dejará convencer para fijar su residencia allà de forma permanente?
—¡Oh, no! Puedo asegurarle que tengo la intención de regresar cuanto antes.
—¿Y quién la acompañará? ¿No pensará viajar tan lejos sola?
—No, señor. Han enviado al cochero para que vaya conmigo.
—¿Es un hombre de fiar?
—SÃ, señor. Lleva más de diez años a su servicio.
El señor Rochester meditaba.
—¿Cuándo quiere irse?
—Mañana temprano, señor.
—Bien, necesitará dinero. No puede viajar sin él y me atreverÃa a decir que no dispone de mucho: aún no le he pagado ningún salario. ¿A cuánto asciende todo su capital en el mundo, Jane? —preguntó, con una sonrisa.
Saqué el monedero: bastante vacÃo, la verdad.
—Cinco chelines, señor.
Lo cogió y lo sacudió sobre la palma de su mano como si la escasez de contenido le complaciera. No tardó en sacar su cartera.