Jane Eyre
Jane Eyre —Aquà tiene —dijo, y me ofreció un billete de cincuenta libras cuando su deuda conmigo no ascendÃa a más de quince. Le dije que no tenÃa cambio.
—Ya sabe que no deseo cambio. Tome su salario.
Me negué a aceptar más de lo que me correspondÃa. Al principio gruñó, pero después, como si se le ocurriera algo de repente, dijo:
—¡Muy bien, muy bien! Será mejor no dárselo todo ahora. Tal vez no volviera en tres meses si tuviera cincuenta libras a su disposición. Ahà van diez. ¿Será suficiente?
—SÃ, señor. Pero entonces me deberá usted cinco.
—¡Vuelva a por ellas! Seré el banquero de sus cuarenta libras.
—Señor Rochester, ahora que tengo la oportunidad me gustarÃa mencionar otro asunto de naturaleza económica.
—¿Un asunto de naturaleza económica? Ha despertado usted mi curiosidad.
—El señor ha tenido a bien informarme de que está planeando casarse en breve.
—SÃ, ¿y qué?
—En ese caso, señor, Adèle deberÃa ser enviada a un colegio. Estoy segura de que usted estará de acuerdo conmigo.