Jane Eyre
Jane Eyre —Solo déjeme echar un vistazo al dinero.
—No, señor. Temo que no puedo fiarme de usted.
—¡Jane!
—¿Señor?
—Prométame una sola cosa.
—Le prometeré cualquier cosa, señor, que esté dentro de mis posibilidades.
—No ponga ningún anuncio: confÃe en mà para resolver esta situación. Yo me ocuparé de todo cuando sea preciso.
—No tengo el menor inconveniente en hacerle esta promesa, señor, si usted a su vez me promete que tanto Adèle como yo estaremos sanas y salvas fuera de esta casa antes de que su esposa entre en ella como tal.
—¡Muy bien! Le doy mi palabra. Entonces, ¿se va mañana?
—SÃ, señor. A primera hora.
—¿Bajará al salón después de cenar?
—No, señor. Debo prepararme para el viaje.
—Por tanto, ¿tenemos que despedirnos aqu�
—Supongo que sÃ, señor.
—¿Y cómo representa la gente la ceremonia de la separación, Jane? Enséñeme: no estoy acostumbrado a esto.
—Pues se dicen adiós, o cualquier otra frase hecha.
—Entonces, hable.