Jane Eyre
Jane Eyre —Te he dicho que no podÃa olvidarlo. Y me vengué: la idea de que tu tÃo te adoptara y te instalara cómodamente en su casa era algo que no podÃa soportar. Le escribà una carta. En ella decÃa que lamentaba transmitirle malas noticias, pero que Jane Eyre estaba muerta: habÃa fallecido en Lowood, vÃctima del tifus. Ahora puedes hacer lo que te plazca: escrÃbele y niega lo que yo le dije, saca a la luz mis mentiras tan pronto como quieras. Creo que naciste solo para atormentarme: hasta mi última hora está teñida de amargura por el recuerdo de un acto que jamás habrÃa tenido la tentación de cometer de no haber sido por ti.
—Si pudiera convencerse de dejar de darle vueltas, tÃa, y tratar de quererme y perdonarme…
—Eres mala por naturaleza —dijo—, alguien a quien he sido incapaz de comprender. Cómo pudiste aguantar durante nueve años todo lo que te hice con paciencia y resignación, para en el décimo estallar en un arrebato de ira y violencia, es algo que escapa a mi entendimiento.
—No soy tan mala como piensa: apasionada, sÃ, pero no vengativa. Hubo muchas veces en que me habrÃa gustado amarla si usted lo hubiera permitido. Deseo reconciliarme con usted, tÃa. Béseme.