Jane Eyre
Jane Eyre Era la hora más dulce del dÃa, cuando el fuego del sol se ha consumido y el rocÃo comienza a refrescar los campos sedientos y las cimas abrasadas. Ahora que el sol se habÃa puesto a solas —libre del cortejo de las nubes—, un resplandor de color púrpura se extendÃa sobre las colinas, encendiendo un punto con la intensidad del rubà o de la llama de una caldera para ir difuminándose en matices rojizos hasta teñir la mitad del cielo. El este desplegaba su propia belleza: una capa de azul profundo con una modesta y única gema, una estrella solitaria que no tardarÃa en alcanzar a la luna que aún se ocultaba bajo el horizonte.