Jane Eyre
Jane Eyre —Pues sÃ, señor, siento un gran aprecio por ambas.
—¿Y lamentarÃa tener que separarse de ellas?
—SÃ.
—¡Qué pena! —dijo; hizo una pausa y respiró profundamente—. Asà es la vida: tan pronto como uno se establece en un cómodo lugar de reposo, surge una voz que le invoca a moverse y pone punto final al descanso.
—¿Está diciendo que debo marcharme, señor? ¿Que debo abandonar Thornfield?
—SÃ, Jane, eso creo. Lo siento, pero creo que debe irse.
Sus palabras fueron un duro golpe, pero no me arredré.
—Bien, señor. Cuando llegue el momento, estaré lista para partir.
—El momento ha llegado ya: debo decÃrselo esta noche.
—Entonces, señor, ¿va usted a casarse?
—E-xac-ta-men-te. Pre-ci-sa-men-te. Con su habitual intuición, acaba de dar en el clavo.
—¿En breve, señor?