Jane Eyre
Jane Eyre —SÃ, señor. Lo somos y no lo somos: porque usted está a punto de casarse con alguien inferior, alguien por quien no siente aprecio ni amor, porque si despertara en usted alguna de estas emociones, no podrÃa ridiculizarla como le he visto hacerlo. Yo jamás aceptarÃa una unión como esa, señor. Por lo tanto, en realidad soy mejor que usted. ¡Suélteme!
—¿Adónde irá, Jane? ¿A Irlanda?
—SÃ, a Irlanda. Ahora que le he dicho lo que pensaba ya puedo irme a cualquier sitio.
—Cálmese, Jane. Parece un pájaro atrapado que lucha frenéticamente por huir, dejándose las plumas en el intento.
—Yo no soy ningún pájaro, ni estoy atrapada en red alguna. Soy un ser humano libre, con voluntad propia, que ahora quiere apartarse de usted.
Un nuevo esfuerzo logró liberarme y me planté de pie ante él.
—Y es su voluntad la que decidirá su destino —dijo—. Yo le ofrezco mi mano, mi corazón y la posibilidad de compartir todas mis posesiones.
—Esta farsa solo me provoca risa.
—Le pido que pase toda la vida a mi lado, que sea mi otro yo y mi compañera en esta vida.
—Ya eligió usted a su compañera, señor. Aténgase a su decisión.