Jane Eyre
Jane Eyre TenÃa el semblante alterado y el color teñÃa sus mejillas, sus facciones estaban tensas y los ojos despedÃan extraños destellos.
—¡Oh, Jane! Me tortura —exclamó—. Me hace sufrir con esa escrutadora mirada.
—¿Cómo puede ser? Si es usted sincero y el ofrecimiento que me hace es auténtico, los únicos sentimientos que puedo albergar hacia usted son la gratitud y la devoción, y ambos son incapaces de causar dolor.
—¡Gratitud! —farfulló, y dejándose llevar por un arrebato añadió—: Jane, acépteme ya, por favor. Diga: Edward —llámeme por mi nombre—, Edward, me casaré contigo.
—¿Está hablando en serio? ¿Me ama de verdad? ¿Desea sinceramente que sea su esposa?
—SÃ, y si necesita que lo jure, lo haré. Se lo juro.
—Entonces, señor, me casaré con usted.
—¡Llámame Edward!
—¡Querido Edward!
—Ven hacia mÃ, entrégate a mà del todo —dijo. Y añadió, en su tono de voz más profundo, musitando las palabras junto a mi oÃdo, con su mejilla rozando la mÃa—: Hazme feliz. Yo prometo que serás feliz a mi lado. ¡Que Dios me perdone! Y que nadie se atreva a interponerse entre nosotros: eres mÃa y te conservaré a mi lado.