Jane Eyre
Jane Eyre —Yo mismo te colocaré el collar de diamantes alrededor del cuello, y ceñiré la diadema sobre la frente a la que pertenece. La naturaleza se ha encargado de conferir nobleza a ese rostro, pero yo rodearé tus muñecas de pulseras y cubriré de anillos esos dedos de hada.
—¡No, señor! ¡Por favor, piense en otra cosa! Cambie de tema. No se dirija a mà como si yo fuera una belleza. No soy más que una vulgar institutriz.
—A mis ojos eres bella, con una hermosura que va más allá del deseo del corazón: hay en ti algo exquisito y etéreo.
—Querrá decir menudo e insignificante. Está usted soñando, señor, o burlándose de mÃ. ¡Por el amor de Dios, deje la ironÃa para otro momento!
—Haré que el mundo se rinda ante tu belleza —prosiguió, causándome una cierta inquietud, ya que sentÃa que se estaba engañando a sà mismo, o intentando engañarme a m×. Vestiré a mi Jane de seda y encaje, y le pondré rosas en el pelo, y cubriré esa cabeza que tanto amo con un velo de incalculable valor.