Jane Eyre
Jane Eyre —Y entonces no me reconocerá, señor, y yo habré dejado de ser su Jane Eyre y me habré convertido en un mico vestido de arlequÃn, un arrendajo que ha tomado prestadas las plumas de otra ave. PreferirÃa verle a usted disfrazado de payaso que a mà misma ataviada como una cortesana. Y, señor, yo le amo, pero no le diré por ello que es usted guapo. Le quiero demasiado para caer en la adulación. Haga lo mismo, por favor.
Sin embargo él prosiguió, sin prestar la menor atención a mi sermón:
—Hoy mismo te llevaré a Millcote en el carruaje para que elijas los vestidos que desees. Te dije que nos casarÃamos dentro de cuatro semanas. Será una ceremonia tranquila, en la capilla, y luego nos iremos a la capital. Tras una breve estancia, llevaré a mi más preciado tesoro a lugares dignos de ella: a los viñedos franceses y a las llanuras de Italia, para que vea todos los lugares célebres de los que habla la Historia, para que deguste la vida en la ciudad y aprenda a valorarse a sà misma al compararse con las demás.
—¿Viajar…? ¿Con usted, señor?