Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Veremos París, Roma, Nápoles, Florencia, Venecia y Viena. Deseo recorrer contigo las capitales que yo he visto antes: quiero que dejes tu huella de sílfide en los lugares donde yo estampé mi basta pezuña. Hace diez años, recorrí toda Europa: iba como un loco, rebosante de odio y de rabia, al igual que los que me acompañaban. Ahora quiero volver a verlo todo desde la paz y el sosiego, con el consuelo de este ángel que tengo junto a mí.

Me reí al oír sus palabras.

—Yo no soy un ángel, señor —aseguré—. Y no llegaré a serlo hasta que me muera. Soy solo yo, señor Rochester. No busque en mí nada celestial, porque no lo hay; como tampoco lo hay en usted, ni yo lo espero.

—¿Qué esperas de mí?

—Durante un tiempo, no demasiado, seguirá como ahora, pero luego empezará a enfriarse y a mostrarse caprichoso. Con el tiempo, su carácter se hará más duro y difícil de complacer. Sin embargo, una vez se haya acostumbrado a mí, tal vez vuelva a apreciarme, y conste que he dicho aprecio y no amor. Supongo que la pasión se evaporará en seis meses o quizá menos. He observado que esa es la duración máxima que asignan los libros al ardor de un marido. Pese a todo, espero que, como amiga y compañera, mi presencia nunca se convierta en algo desagradable para mi querido señor.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker