Jane Eyre
Jane Eyre de la mano iremos en el viaje eterno.
¡Que la eternidad acoja nuestro amor sin freno!
Se levantó y vino hacia mÃ, y distinguà su rostro arrebatado y los destellos que refulgÃan en sus ojos de halcón, y la ternura y la pasión que se dibujaban en cada uno de sus rasgos. Por un momento me sentà desfallecer, pero enseguida me sobrepuse. No podÃa consentir una escena tan tierna, una demostración de amor tan sincera que nos ponÃa a ambos en peligro. TenÃa que preparar un arma para defenderme; chasqueé la lengua y, cuando llegó a mi lado, pregunté en tono áspero:
—¿Y se puede saber con quién planea casarse?
—Es una pregunta extraña viniendo de ti, querida Jane.
—¿Ah, s� Pues yo la considero muy natural y necesaria: ha hablado de que su futura esposa morirá con él. ¿Qué quiere decir con esa frase pagana? Yo no tengo la menor intención de morir con nadie, de eso puede estar seguro.
—¡Todo lo que pedÃa, todo lo que ansiaba, era que viviera conmigo! La muerte no está hecha para hombres como yo.
—No importa: estoy dispuesta a morirme cuando llegue mi hora, pero tengo la intención de esperar a que esta llame a mi puerta, y no de acortar mi vida como suelen hacer las viudas orientales.