Jane Eyre
Jane Eyre Me depositó con suavidad en el suelo. Mientras John se ocupaba del caballo, caminamos hacia el vestÃbulo. Él me dijo que fuera a ponerme algo seco y me hizo prometer que bajarÃa a la biblioteca cuanto antes. Cumplà la promesa: en cinco minutos me reunà con él. Le encontré cenando.
—Siéntate y hazme compañÃa, Jane. Si Dios quiere, esta es la última comida que tomaremos en Thornfield en mucho tiempo.
Tomé asiento a su lado, pero le dije que no tenÃa hambre.
—¿Son los nervios lo que te ha quitado el apetito, Jane? ¿La perspectiva de un largo viaje te inquieta?
—Esta noche no estoy muy segura de cuáles son mis perspectivas, señor, y apenas reconozco los pensamientos que me rondan por la cabeza. Toda mi vida parece algo irreal.
—Excepto yo. Soy un ente totalmente material. Tócame y lo verás.
—Usted, señor, es lo más fantasmal de todo… No es más que un sueño.
Extendió el brazo, riéndose.
—¿Es esto un sueño? —preguntó acercándolo a mis ojos. TenÃa una mano grande y firme y un brazo largo y musculoso.