Jane Eyre
Jane Eyre Jadeaba y me apretaba con tanta fuerza que yo apenas podÃa respirar. Tras unos minutos de silencio, comenzó a hablar en tono confiado.
—Bueno, Jane, creo que ha llegado la hora de explicarte todo esto. Fue medio sueño, medio realidad: no hay duda de que una mujer entró en tu habitación. Esa mujer era, tuvo que ser, Grace Poole. Tú misma has dicho muchas veces que es una mujer extraña y tienes motivos para pensarlo. Acuérdate de lo que me hizo, del ataque a Mason… En un estado entre el sueño y la vigilia, notaste su entrada y advertiste sus acciones; sin embargo, con una angustia extrema, rozando con el delirio, le diste una apariencia maligna bien distinta a la real: esos cabellos desordenados, la cara arrugada y oscura, una estatura gigantesca. Todo era producto de tu imaginación, el fruto de una pesadilla. La rotura del velo es un acto de despecho muy propio de ella. Veo que tienes ganas de preguntarme por qué mantengo en casa a una mujer como esa: te lo explicaré cuando llevemos casados un año y un dÃa, no antes. ¿Estás satisfecha, Jane? ¿Aceptas mi solución del enigma?
Reflexioné, y me pareció que era la única explicación posible. No estaba satisfecha, pero fingà estarlo para complacerle. Al menos, me sentÃa aliviada, asà que le dirigà una sonrisa. Eran ya más de la una y me dispuse a retirarme.