Jane Eyre
Jane Eyre —Prométeme que esta noche no soñarás en separaciones y tragedias, sino en amores felices y uniones eternas.
La predicción se cumplió a medias: no hubo penas en mis sueños, aunque tampoco alegrÃas. La verdad es que no conseguà dormirme. Me pasé la noche abrazada a la pequeña Adèle, contemplando el brillo tranquilo, reposado e inocente que emana de la infancia, mientras esperaba que llegara el alba. Todas las expectativas se conjuraron para mantenerme despierta y me levanté con los primeros rayos de sol. Recuerdo que Adèle me abrazó con fuerza cuando fui a soltarme, recuerdo que le di un beso mientras apartaba sus manitas del cuello y que rompà a llorar, embargada por la emoción. Me marché, temiendo que mis sollozos acabaran interrumpiendo su plácido descanso. Ella era el sÃmbolo de mi vida pasada, mientras que aquel con quien estaba a punto de reunirme, era la expresión, temida y adorada a la vez, del incierto futuro que comenzaba ese dÃa.