Jane Eyre
Jane Eyre —Tenga cuidado, señor. ¡Por el amor de Dios, no sea imprudente!
La loca emitió un aullido; se apartó los enmarañados cabellos de la cara y se enfrentó retadora a los visitantes. Reconocà perfectamente esa cara morada y esos rasgos embotados. La señora Poole dio un paso hacia ella.
—Salga de en medio —dijo el señor Rochester, apartándola a un lado—. No tiene ningún arma en su poder, ¿verdad? Y yo estoy en guardia.
—Una nunca puede estar segura de lo que tiene, señor. Es tan astuta que no hay forma humana de predecir sus actos.
—Es mejor que nos vayamos —susurró Mason.
—¡Vete al infierno! —fue la respuesta de su cuñado.
—¡Cuidado! —gritó Grace.