Jane Eyre
Jane Eyre Los tres caballeros retrocedieron simultáneamente. El señor Rochester me protegió. La loca le saltó al cuello y lo apretó con saña, mientras le mordÃa en la mejilla: se produjo un forcejeo. Era una mujer grande, de estatura casi igual a la de su marido, y además robusta. Estaba en posesión de la fuerza de un hombre: pese a que él era un individuo atlético, a punto estuvo de derribarlo en más de una ocasión. Él podrÃa haberla derrotado de un buen puñetazo, pero no quiso golpearla. Se limitaba a resistir el ataque. Al final logró dominarla y la sujetó por los brazos. Grace Poole le dio una cuerda y él se los ató a la espalda. Con otro pedazo de cuerda logró atarla a la silla. Toda la operación se produjo entre alaridos salvajes y tremendas patadas. Cuando hubo acabado, el señor Rochester se volvió hacia los espectadores, mirándoles con una sonrisa triste y amarga a la vez.