Jane Eyre
Jane Eyre —El señor Mason le conoce. El señor Eyre ha sido el representante de su firma durante años. Cuando su tío recibió la carta en la que usted le comunicaba su futuro enlace con el señor Rochester, el señor Mason, que a la sazón estaba en Madeira recobrándose de un achaque de salud, se hallaba con él. El señor Eyre, a quien Mason había mencionado alguna vez a un conocido de nombre Rochester, le comentó la noticia. El señor Mason se sorprendió mucho y le reveló la verdad de los hechos. Lamento decirle que su tío está muy enfermo; es casi imposible que se reponga de la enfermedad que le ha postrado en el lecho. Ni siquiera podía emprender el viaje hasta Inglaterra para rescatarla de la trampa en que había caído, pero imploró al señor Mason que hiciera lo posible por impedir la celebración de este falso matrimonio. Le dio mi nombre; yo me puse manos a la obra de inmediato y me alegro de haber llegado a tiempo de evitar el desastre. Si no tuviera la certeza de que su tío ya habría muerto cuando usted llegara a Madeira, le pediría que acompañase al señor Mason. Sin embargo, dado el precario estado de salud del señor Eyre, creo que será mejor que usted permanezca en Inglaterra hasta nuevo aviso, ya sea mío o del propio señor Eyre. ¿Hay algo más que nos retenga aquí? —preguntó a Mason.
—No, no. Marchémonos —fue la angustiosa respuesta.