Jane Eyre
Jane Eyre —¿PodrÃa decirme dónde puedo encontrar algún empleo, de la clase que sea? —prosegu×. Acabo de llegar, no conozco a nadie en este lugar. Necesito trabajar, no importa en qué.
Pero preocuparse por mà no era asunto suyo. Además, a sus ojos, mi historia, mi carácter y mi posición debÃan parecerle muy poco de fiar. Sacudió la cabeza, lamentó no poder decirme nada al respecto, y cerró la puerta blanca con amabilidad y educación, pero dejándome a mà en la calle. Si la hubiera dejado abierta un poco más, creo que le habrÃa mendigado un trozo de pan, porque en ese momento estaba a punto de desfallecer.
No podÃa soportar emprender el regreso a ese sórdido pueblo, en el que tampoco parecÃa haber ninguna posibilidad de ayuda. HabrÃa preferido tomar el camino que llevaba hacia un bosque que habÃa no muy lejos, cuya espesa sombra parecÃa ofrecer un cómodo refugio, pero me sentÃa tan débil y enferma, y tan vencida por las necesidades fÃsicas, que el instinto me empujó a vagar por lugares donde hubiera alguna remota posibilidad de hallar comida. La soledad no serÃa soledad —ni podrÃa existir descanso— hasta librarme del buitre del hambre que se aferraba a mi cuerpo con el pico y con las garras.