Jane Eyre
Jane Eyre —Estoy convencida de que esconde una extraña historia. ¡Pobre vagabunda, pálida y demacrada!
—Por su forma de hablar dirÃa que no es una persona vulgar: su acento era claro y la ropa que llevaba, aunque empapada y sucia, era sin duda nueva y de buena calidad.
—Tiene un rostro peculiar, delgado y ojeroso, pero hay algo en él que me agrada; estoy convencida de que puede convertirse en un semblante agradable cuando recobre la salud y el color.
Ni una sola vez distinguà en sus conversaciones una sÃlaba de arrepentimiento por la hospitalidad que me brindaban, ni de sospecha o desconfianza en torno a mi persona. Eso me tranquilizaba.