Jane Eyre
Jane Eyre —No la hagas hablar más, Saint John —intervino Diana, aprovechando una pausa en mi discurso—: es evidente que no tiene fuerzas para soportar tantas emociones. Venga al sofá y tome asiento, señorita Elliott.
Dudé por un momento al oÃr aquel alias. HabÃa olvidado que aquel era mi nuevo nombre. El hecho no se le escapó al señor Rivers, que parecÃa notarlo todo.
—Dijo que su nombre era Jane Elliott —afirmó.
—Lo dije, y es asà como deseo ser llamada a partir de este momento, pero no es el verdadero, y cuando lo oigo aún me suena extraño.
—¿No piensa darnos su verdadero nombre?
—No. Lo que más temo en el mundo es que se descubra lo que quiero ocultar y por ello pienso evitar toda revelación que pueda arrojar la menor luz sobre mi pasado.
—Estoy segura de que obra con sentido común —dijo Diana—. Y ahora, hermano, déjala en paz durante un rato.
Pero Saint John, tras unos minutos de silencio, reemprendió el interrogatorio si cabe con más insistencia que antes.