Jane Eyre
Jane Eyre —No querrá depender eternamente de nuestra hospitalidad. Tal y como lo veo, deseará quedar libre tan pronto como sea posible de la compasión que despierta en mis hermanas y, sobre todo, de la caridad que yo le dispenso (he percibido con absoluta claridad la distinción que ha hecho, pero no crea que me ofende: me parece justa). En definitiva, ¿deseará independizarse de nosotros?
—Claro que sÃ. Ya se lo he dicho. Muéstreme dónde trabajar o cómo buscar un empleo: eso es todo lo que pido. Después me iré, aunque sea a la cabaña más humilde que exista, pero, hasta que llegue ese momento, permÃtanme que me quede aquÃ: no podrÃa soportar una nueva ración de los horrores que conlleva la miseria.
—Por supuesto que se quedará —dijo Diana, poniendo su blanca mano sobre la mÃa.
—No la dejaremos marchar —repitió Mary en aquel tono de sinceridad neutra caracterÃstico en ella.