Jane Eyre
Jane Eyre También en el interior de la casa nos llevábamos bien. Ambas eran más cultas que yo, pero con esfuerzo logré recorrer el camino de conocimiento por el que las dos habían avanzado antes. Devoraba los libros que me prestaban, y sentía una intensa satisfacción al poder comentar por la tarde lo que había leído durante el día. Los pensamientos se compenetraban y nuestras opiniones coincidían. En resumen, nuestra relación era inmejorable.