Jane Eyre
Jane Eyre —No, Bessie. Ella se acercó a mi cama anoche mientras estabas cenando y me dijo que no hacÃa falta que la molestara ni a ella ni a mis primos. Me pidió que recordara que siempre tuvo la intención de convertirse en mi mejor amiga y que, por tanto, hiciera el favor de hablar de ella con gratitud.
—¿Qué le contestó usted, señorita?
—Nada. Me tapé la cabeza con la colcha y volvà la cara hacia la pared.
—Eso estuvo mal, señorita Jane.
—Estuvo muy bien. Tu señora no ha sido nunca mi amiga, sino más bien lo contrario.
—¡No diga eso, señorita Jane!
—¡Adiós, Gateshead! —grité al cruzar el recibidor y dirigirme a la puerta principal.