Jane Eyre
Jane Eyre —Y puesto que soy pobre e insignificante —prosiguió—, el único servicio que puedo ofrecerle es fruto forzosamente de la miseria y la precariedad. Tal vez crea que es algo degradante, ya que he podido ver que sus hábitos podrÃan calificarse como refinados; sus gustos son elevados y ha crecido entre personas cultivadas, pero mi opinión es que ningún trabajo susceptible de mejorar a la raza humana resulta degradante. Sostengo que cuanto más árido sea el suelo que el trabajador cristiano debe cultivar, y más escaso sea el fruto que reciba por sus esfuerzos, mayor es el honor. Este es el destino de los pioneros, y los primeros pioneros del Evangelio fueron los apóstoles, con el propio Jesús como capitán y redentor.
—¿Y bien? —pregunté al ver que se detenÃa de nuevo—. Continúe.
Me miró antes de seguir hablando. En realidad, daba la impresión de ser capaz de leer en mi rostro, como si los rasgos y las lÃneas que lo formaban fueran los caracteres de la página de un libro. Las observaciones que hizo a continuación expresaban parcialmente el resultado de dicho escrutinio.