Jane Eyre
Jane Eyre —¿Y cuándo tiene previsto emprender el desempeño de sus funciones?
—Me iré a mi casa mañana, y si le parece oportuno abriré la escuela la semana próxima.
—Perfectamente. Que asà sea.
Se levantó y cruzó el salón. De repente, se detuvo para volver a mirarme e hizo un gesto con la cabeza.
—¿Qué es lo que desaprueba de mÃ, señor Rivers? —pregunté.
—No se quedará en Morton durante mucho tiempo. ¡No!
—¿Por qué? ¿Qué razones tiene para decir esto?
—Lo leo en sus ojos: no muestra la mirada de alguien que se conforma fácilmente con una vida sin alicientes.
—No soy ambiciosa.
Saltó al oÃr la palabra «ambiciosa».
—No —repitió—. ¿Qué le hizo pensar tal cosa? ¿Quién es ambicioso? Yo sé que lo soy, pero ¿cómo lo ha descubierto?
—Hablaba de mà misma.
—Bien, si no es ambiciosa, entonces es…
—¿Qué?