Jane Eyre
Jane Eyre Diana y Mary Rivers se habÃan ido volviendo más tristes y silenciosas a medida que se acercaba el dÃa en que debÃan separarse de su hermano y de su hogar. Ambas fingÃan estar como siempre, pero el dolor contra el que luchaban no era fácil de vencer ni de ocultar. Diana me comentó que esta separación iba a ser distinta de cualquier otra que hubieran vivido hasta el momento. Probablemente, al menos en lo referente a Saint John, el adiós durarÃa años, quizá toda la vida.
—Está dispuesto a sacrificarlo todo por una decisión que tomó hace mucho tiempo —explicó la joven—, incluso los sentimientos más fuertes. Saint John parece un hombre tranquilo, Jane, pero un fuego abrasador le devora las entrañas. Pese a su aparente amabilidad, en algunos temas se muestra tan implacable como la muerte. Lo peor de todo es que mi conciencia me impide disuadirle de llevar a cabo esa decisión tan severa; no hay nada reprobable en ella: es noble, cristiana y justa, pero me parte el corazón. —Y las lágrimas se asomaron a sus hermosos ojos.
—Estamos sin padre; pronto tampoco tendremos ni casa ni hermano —murmuró Mary, antes de bajar la cabeza y retomar su labor.