Jane Eyre
Jane Eyre Entonces ella se apartaba con un gesto de niña malcriada. Una nube de pesadumbre le marchitaba la radiante vivacidad; retiraba la mano de la de él y le daba la espalda, dejándole con una expresión entre heroica y martirizada. No cabe duda de que en esos momentos Saint John habrÃa hecho cualquier cosa para seguirla, llamarla, retenerla a su lado, pero no estaba dispuesto a ceder ni un pedazo de cielo, ni a renunciar a la esperanza de alcanzar el paraÃso eterno a cambio de ese amor. Además, tampoco podÃa olvidar todas sus aspiraciones —las del vagabundo, las del sacerdote, las del poeta— en aras de una única pasión, ni tenÃa intención de cambiar la ambiciosa misión que se habÃa propuesto por la paz que se respiraba en los jardines de Vale Hall. Aprendà muchas cosas sobre él un dÃa en que, pese a su reserva, me atrevà a romper la barrera de hielo que le rodeaba y penetré en su intimidad.